
Me dijo suavemente: sigue adelante, yo estoy contigo, no importa lo que suceda, no te dejaré. Y así lo hice, caminé entre charcos y montañas, vi pasar bajo mis pies ríos y lagunas, avenidas y cerros, vi troles descarriados y perros sarnosos, vi minas de cobre y atardeceres majestuosos, pasó el tiempo y mi vientre se abultaba, es el amor que crece -pensé- pronto voy a tener que nutrirlo y alimentarlo, él seguía a mi lado, lo nutriríamos juntos –creí- y continuamos caminando, de pronto veo venir una tormenta, si la ignoro no me mojaré, pero los ríos se secaron y el viento cambió de dirección, los perros sarnosos empezaron a seguirnos, detrás de mi piel que se caía a pedazos, seguí creyendo, con los ojos tapados y sanguinolentos, el camino se llenó de vidrios y piedras, mis pies cercenados avanzaban sin preguntar, mis pechos llenos de leche envenenada alimentaban a mis demonios, a veces un perro osado se acercaba y mordisqueaba mis piernas, desde lejos me amenazaban con degollarme, pero siempre supe defenderme de las bestias, los buitres vuelan sobre mi cabeza, algo tira de mis ropas, es el niño demonio que me pone los grilletes y me dice: te vamos a abandonar aquí, te dejaremos sola sin comida, ni agua, te tiraremos migas de pan y maní como lo hacemos con los animales en el zoológico, te quitaremos a tu hijo y me lo llevaré para que no lo veas crecer, no me importa que estés triste, te encerraré por el resto de tu vida. Lo miro y me rindo ante la vida, los cuervos con los ojillos brillantes de hambre se acercan y danzan en un remolino azabache de presagios oscuros, el niño demonio se ríe y baila con ellos, mientras yo los observo y sonrío, carcajadas histéricas salen de mi garganta y en un intento desesperado por detener la locura que se asoma en mis ojos, dejo de creer en sus palabras y veo claramente mis mentiras salir de su boca, mientras mi veneno entraba en él, y repetía lo que yo había hecho tiempo atrás, mis córneas se secaron y una brisa marina se llevó mi último suspiro, mientras los buitres se paraban sobre mi cuerpo y los perros se peleaban por un corazón que todavía no dejaba de latir.